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UNO
Por Fernando
Zuzunaga
Primero se desprendió la oreja derecha, para ese tiempo
los ojos ya no le funcionaban bien, tampoco le servía la mano
izquierda, los pies calcinados eran dos muletas que le lastimaban
crudamente la columna. De momento reposaba sobre un lejano sueño que
se dejaba entrever a través de sus sienes, también relucía un
pensamiento, único, terrible, monótono, de muerte.
Nació de pie,
caminó a los cinco días y emprendió una ruta desconocida para su
madre. Un día atravesó el umbral de la muerte y convivió a gusto
entre los monstruos del dolor, nadie era tan hábil como él para
causar sensaciones desconocidas, siempre inventaba una nueva forma
para hacer estragos los sueños pasivos del mundo, se había ensañado
contra los lunáticos y los constantes de pensamientos extraños. El
universo le quedaba pequeño, se lo tragó de tanto hartazgo, desde
entonces se quedó solo y se llamó Uno.
......»»»
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